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El piloto de carreras

piloto de foto antiguaHoy es el primer día de mi nueva etapa profesional independiente. No soy nuevo en esto, esta es la cuarta compañía que fundo y no puedo ocultar ese cosquilleo en el estómago y ese vértigo que siento cuando me veo embaucado en un nuevo proyecto personal en un momento difícil en este país. Por supuesto, esto no va a impedir que, como mínimo, lo intente con todas mis fuerzas y si al final no funciona, pues a por otra cosa y a seguir luchando.

Este post lo tengo preparado desde antes de navidades, y creo que ahora es el momento para que salga a la luz. Surge de una serie de situaciones que han ido sucediendo en los últimos 5 meses y que me han llevado a una serie de reflexiones, y sobre todo, la más importante, salir de donde estaba y montar mi propia compañía.

Lo que viene a continuación, es una metáfora para describir la situación que sufren algunas empresas con más o menos éxito y que lamentablemente es dañino para muchos de los que caen. Seguro que más de un lector se siente identificado.  Ahí va…

La metáfora

“Marianico”, era un hombre de pueblo, al que le gustaban mucho los coches. Tanto es así, que él mismo se imaginaba al frente de su tractor haciendo carreras sobre su propio “sembrao”. Un día sus terrenos sufren las inclemencias de la naturaleza, y decide con los pocos ahorros que tiene comprarse un Simca 1200 y dedicarse a las carreras de coches de aficionados.

Marianico, decide hablar con unos amiguetes que controlaban de este tema, y les pregunta como lo tiene que hacer. Ellos le comentan que necesita preparar su coche lo antes posible y con lo mínimo imprescindible para poder incorporarse a las carreras tan pronto como pueda. Nuestro personaje, de camino a casa iba pensando… preparar,…mínimo,… rápido,… ¡Ya está! Le pongo unas pegatinas con mi nombre y ¡a correr!. 

Y eso es lo que hizo, compró el coche y tal cual estaba, lo único que hizo fue tunearlo ligeramente por fuera poniéndole unas pegatinas con su nombre. Así es como empezó en esto de las carreras.

Él pensaba que tenía un coche “a la última” y que era bueno, pero los que llevaban tiempo corriendo pensaban que era un “cutre” y que no ganaría una carrera en su vida.

Después de unas cuantas temporadas sin cosechar ningún éxito, y tras sacar parte de sus ahorros decidió invertir en publicidad y patrocinios para las carreras, para que, aunque no ganase, al menos tener notoriedad. Ya sabéis: “La publicidad es el impuesto revolucionario que hay que pagar por ser irrelevante”.

Y así lo hizo, no ganaba nada, pero por lo menos empezaba a ser algo “conocidillo” en el sector.

Por las cosas del azar, un día le toca la lotería. ¡Oh! De repente se había visto con pasta y quería conseguir su sueño a toda costa, correr en los campeonatos de GT, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo y mirando a su alrededor, vio que todos tenían un equipo de personas que les hacían la vida más fácil y les preparaban los coches para que únicamente el piloto tuviera que pilotar. Todos los equipos contaban con un Manager, con diferentes ingenieros según su especialidad y con un ingeniero jefe que era el que manejaba el cotarro. También tenían, en algunos casos, mecánicos oficiales para hacer los trabajos más sucios. En definitiva cada piloto tenía su “equipo” y trabajaban en “equipo”.

Marianico dijo: ¡Quiero que me traigan un manager!

Le pidió que le dijese como tenía que hacerlo, qué tipo de ingenieros tenía que contratar y qué coche debía llevar. 

El Manager rápido se puso manos a la obra y contrató a los mejores ingenieros del país para que le ayudasen a preparar el mejor coche del campeonato y también a unos cuantos mecánicos para hacer las labores más duras.

Un día Marianico, se fue a una feria de coches y se quedó maravillado con un Land Rover. La verdad es que era un coche grande, feo y obviamente no para correr en estas carreras, pero se había encaprichado y se lo compró. Tal fue su emoción y su desconocimiento, que le vendieron el coche por el triple de lo que costaba. No le importó, porque él hacía con su dinero lo que quería, que para eso le había tocado la lotería.

Cuando llegó a la zona de entrenamientos el manager le dijo que tenía que haber comprado un Porsche 911 GT3 Cup, que son los que realmente están preparados para correr en estos campeonatos y que tienen un mínimo de posibilidades. Marianico no escuchó, y decidió seguir adelante con su Land Rover.

Como había un par de ingenieros que no entendían nada, no daban pie con bola, y antes de empezar los campeonatos, decidió despedirles y donde estaba el que limpiaba la carrocería, puso al ingeniero encargado del motor, y donde estaba el del motor, al encargado de la aerodinámica… Os podéis imaginar el circo.

Marianico recordó las palabras que una vez le dijeron sus colegas: preparar, mínimo y rápido, así que lo dejó tal cual y le quito las pegatinas al Simca 1200 para ponérselas al Land Rover. Le pidió al ingeniero jefe que lo hiciera él. Ya podía correr… o no. Bueno, la cuestión es que ya tenía su coche como a él le gustaba.

En las primeras vueltas, se sentía raro porque no corría el coche y no funcionaba como él quería, así que decidió que iba a poner la caja de cambios del Simca en el Land Rover, porque la caja de cambios siempre le había funcionado y no quería cambiar. Después de eso, no se apañaba con el cuadro del coche, así que decidió poner el cuadro del Simca en el Land Rover.

Los ingenieros no daban crédito y estaban todos más perdidos que un pulpo en un garaje (me venía al pelo).

Mientras tanto, Marianico, decidía cambiar los pedales porque siempre le había ido bien con los del Simca aunque para ponerlos en el Land Rover hubo que hacer una labor de ingeniería de las serias porque no encajaba ninguna pieza. Obviamente eran piezas que eran antiguas y estaban pensadas para un Simca y no para un Land Rover. Fue un auténtico infierno y, por supuesto, no obtuvo el resultado deseado.

Por otro lado, como nadie le conocía en los campeonatos de GT, decidió hacer una inversión desorbitada en publicidad, en vez de destinar ese dinero en mejorar el coche y el equipo para no tener que depender de hacer publicidad y que le conocieran por sus éxitos y no por sus intenciones.

Después de todo esto, Marianico, sin conseguir tener un buen coche, decide, ya que estaba apuntado, correr las series de GT con su Simca 1200, con el que nunca ganó ninguna carrera, pero con el que llevaba corriendo muchos años. Todavía, a día de hoy, sigue corriendo con este coche. Evidentemente no gana ninguna carrera, y da una imagen pésima frente a sus competidores, aunque ahí sigue aguantando. Mientras el coche dure…

Varios de los ingenieros se han ido, alguno aguanta aunque esta buscando otro equipo para marcharse tan pronto como lo encuentre y los mecánicos están muy quemados porque les piden que hagan milagros con esa “cascarria” y sobre todo que lo hagan rápido. Es de esperar que, no tardando mucho, terminen por largarse los mecánicos también. 

Conclusiones

Las conclusiones que sacamos de esto son:

  • No cualquier persona vale para ser piloto, por mucho dinero que tengas y puedas comprar lo mejor.
  • Como bien decía Steve Jobs,” No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer”.
  • Y para los mecánicos e ingenieros, investigad bien sobre el equipo al que os vais a incorporar, porque puede que no sea lo que os han contado que es.

Si alguno de vosotros, lectores, os habéis encontrado con alguna situación parecida a la de mi historia, estaría muy bien que lo compartieseis con el resto de lectores.

2 comentarios
  1. luis
    luis Dice:

    Cuánta razón y cómo me veo reflejado en tu post, Miguel. A lo largo de mi vida profesional he conocido a más de uno de los que hablas. El orgullo les cegaba, tanto que no les dejaba ver lo más importante: su ignorancia. Mucha suerte en tu nuevo proyecto profesional. A veces es mejor correr en solitario que a las órdenes de un idiota, por mucho dinero que tenga. La libertad es el mejor camino a pesar de las piedras.

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